Árbol de la vida y de todos los frutos
Queremos conocer a la sorprendente obra de la naturaleza que se esconde a la distancia y protegido por la hostilidad de la basta selva, la que al mismo tiempo se descubre como bastión de lo místico. El Cerro Autana es un misterio que se explica científicamente y se justifica por la mitología hasta llegar a ser un lugar sagrado para la tribu Piaroa.
Texto y foto: Daniel Meléndez F @danielm4wd
Curiosamente el río Orinoco está pintado de color turbio, un marón espeso que no permite ver el fondo ni en lo que en él habita. El movimiento y las ondas del agua son la señal para hacer que la embarcación esquive las enormes rocas que aun no se asoman. Aunque el verano en enero ya ha hecho bajar considerablemente el nivel del río, aun falta mucho por descender y aun faltan muchas rocas mas por descubrir. Cada una de ellas están marcadas por el constante subir y bajar del nivel del Orinoco y son tan grandes que parecen esculturas que adornan como en un boulevard.
Apenas estamos iniciando el viaje al corazón de la selva amazónica sobre el río más grande de Venezuela. La orilla derecha tan frondosa como la izquierda es territorio colombiano siendo el río la división de ambos países. La emoción de viajar por una frontera tan activa como esta dura poco. Las lanchas de aluminio, la presencia militar, el movimiento de los alimentos que son enviados a las islas se quedan atrás mientras nos internamos en un viaje más solitario. Al entrar al río Sipapo es fácil distinguirlo, el gran Orinoco de color marón no mezcla nunca sus aguas con otro río, y el Sipapo no es la excepción. Este otro río es menos grande de color oscuro, se pudiera decir que su fondo es negro y tenebroso, las orillas son de selva espesa pero no presenta la fuerza y ferocidad de su mayor donde desemboca. Viaja muchos kilómetros en paralelo a la frontera de forma zigzagueante. El agua es más tranquila, y cada curva se disfruta como un paseo.
El tercer río a navegar este día es el Autana. El lecho de este río es más angosto que el anterior. El agua es serena e igual de oscura y sinceramente no quisiera zambullirme en este lugar. Al escuchar a Tito decir desde el motor que ya nos encontramos en el río Autana, la emoción crece olvidando las horas transcurridas. Todo este tiempo han servido para fotografiar, pensar, observar el paisaje selvático y para hacer crecer las ansias por ver esa enorme montaña que queremos visitar.
Tito es nuestro guía en este viaje al cerro Autana. Él es nativo de estas tierras lo que comprobamos al escuchar su acento al hablar el español. Su etnia es Piaroa, pueblos indígenas que habitan parte de la selva amazónica, mayormente entre la confluencia de los ríos Orinoco, Sipapo y Autana hasta Puerto Ayacucho y del lado Colombiano entre El Casanare y Arauca.
Es estos sectores de selva profunda vemos pequeñas curiaras de madera, son el medio de transporte para navegar los ríos de aguas calmadas. La curiara es silenciosa por no poseer motor y esta característica lo hace idóneo para la pesca y los indígenas Piaroa lo han utilizado por años para la faena diaria. Es una canoa extraída de un troco que es tallado hasta conseguir la figura para transportar tres o cuatro personas, además de la pesca.
Con la mano levantada Tito saluda a sus paisanos sin desacelerar la marcha del motor porque viajamos al mismo ritmo que cae la tarde y el sol va pintando colores, líneas y figuras a nuestra espalda lo que hizo activarnos en este viaje de cuatro horas. Ver al Oeste para disfrutar cada minuto del ocaso y ver al este para captar cada reflejo en el agua esperando que aparezca en el horizonte el coloso de roca que reina en este lugar.





Tal como lo esperábamos apareció, un espectáculo que llegamos a creer había sido planificado por nuestro guía, a espalda de nosotros sobre el río uno de los mayores cuadros de luz que ningún pintor puede expresar sobre sus lienzos y oleo, reflejándose sobre una maza de roca que por su misteriosa formación en medio de un escenario completamente plano ha llegado a ser sagrado para los lugareños, debajo de él un bosque interminable y nosotros mismos como parte de esta película. Ciertamente estamos viviendo esos documentales que desde niños vemos en televisión sobre el “Cerro Autana, la montaña sagrada y el árbol de la vida” entre tantos nombre que recibe. A partir de ahora y completamente oscuro seguimos navegando unos minutos más hasta llegar al campamento del pueblo Ceguera.
Está ubicado en un recodo del río que forma una laguna, justo al frente de dos montañas. A la izquierda Wicho que en lengua Piaroa significa Cara del Indio y a la derecha un poco más baja y en forma de choza se encuentra la montaña Wajary. Detrás de estas dos El Kuaymayojo nombre que recibe en Piaroa, Cerro Autana como se conoce por nosotros con su particular figura de tronco cortado de lo que fue un gran árbol. A esta hora de la noche solo se ve la silueta pero no hay forma de confundir que Wicho realmente tiene la figura de un hombre acostado, según cuentan los nativos de la zona es quien vigila constantemente la montaña sagrada. Estas tres figuras se funden en una sola silueta irrumpiendo el firmamento. Solo nos queda descansar aunque queramos pasar la noche contemplándolo.
Al amanecer una mejor visión del cerro nos sorprende, en este momento puedes olvidar el desayuno mientras te sumerges en aguas del río y lo observas a lo lejos. Sin embargo, bien temprano estamos listos para iniciar una caminata en medio del bosque para coronar la cima de Wajary. Desde la cima de esta montaña se descubre la grandeza de la selva amazónica, sus ríos, desde otro ángulo a Wichu y desde la mejor perspectiva de todas el Cerro Autana. Una montaña de paredes verticales con más de mil doscientos metros de altura que se clasifica dentro de las grandes formaciones rocosas de areniscas como los tepuyes de la Gran Sabana y el Parque Nacional Canaima. Estamos en la región amazónica pero el suelo es precámbrico y las mesetas son formaciones del macizo Guayanés, la de mayor antigüedad en el mundo. No es casualidad que desde donde se originó todo, los Piaroas registran el mito de la creación del universo y de la tierra en manos de Wajary y Enemey. Para entonces el Kuaymayojo era un gran árbol que contenía todos los frutos de la tierra, sus ramas sobrepasaban las nubes alcanzando el cielo, las ramas llegan al suelo. Este árbol puede verse desde todas partes.
Wajary quiso cortarlo para proveer de alimento a todos los habitantes de la tierra, aunque Enemey se oponía, pero finalmente Wajary emprendió la tarea de cortarlo lo que hizo por tiempo hasta lograrlo.
El gran árbol cayo hacia el norte dejando sus ramas toda la selva poblada de arboles y frutos. A lo lejos Enemey vio y el árbol ya no estaba. Solo quedaría erigido una pequeña parte del troco petrificado que sobresale del verde espeso.
Julio es un nativo de edad avanzada, sus rasgos lo hacen notar. Se comunica mayormente en su legua natal y muy poco con lo turistas en español. Él es Chaman de su comunidad en Mavaco, un asentamiento a orillas del río Autana. En conversaciones con Julio quisimos que nos contara la mitología del “Árbol de la Vida”, el cual no quiso hacerlo, la historia contada dura un mes y durante el recorrido no alcanzara para contar cada detalle. Así son enseñados los niños y jóvenes Piaroa en estas tradiciones hasta enseñarles a amar y respetar el Kuaymayojo. En esta caminata que nos llevó al mirador del cerro Wajary fuimos conducidos por Daniel, un joven familiar de Julio, quien también fue celoso al compartir sus conocimientos sobre el Autana y su historia. Fue ya en la noche luego de la cena cuando Julio con paciencia hablaba en Piaroa sobre extractos de la grandiosa lucha de Wajary y Enemey, Daniel con su traducción nos ayudo a entender lo narrado.










No había que olvidar que estábamos bajo el inclemente sol, pero por momentos lo olvidábamos al tener en frente la montaña que causa asombro por lo solitario, soberbio y amenazante. Es un momento para aprovechar cada minuto para contemplar lo natural y mezclarlo con lo mágico. No pude dejar de ver la cara de orgullo, el brillo en sus ojos y el respeto de los nativos que nos acompañaron. El Autana está doblemente protegido, por las autoridades nacionales, por ser Monumento Natural y por ser territorio sagrado declarado por las costumbres Piaroas. Ningún indígena es capaz de acompañar a un criollo a los pies del Autana porque la tierra sagrada no puede ser pisada, esta afrenta es cobrada con pena de muerte en concilio indígena.
Hay sabiduría en estos hombres que han justificado la presencia de este gran cerro, que para ellos es solo uno de muchos que se encuentran dispersos en distintas partes del mundo. Es así, sin ir muy lejos y sin salir de territorio venezolano dentro del Macizo Guayanés hay más de cien altiplanos de este tipo y cada uno con su propia historia.
Si es necesario vivir durante un mes con las costumbres de estos hombres y mujeres que viven de la madre naturaleza, pescando a diario, navegar ríos y caños, caminar por los senderos del Amazonas y aprender su dialecto para escuchar de principio a fin esta maravillosa historia, estoy dispuesto a hacerlo.
